Transcripción: Discurso del Dr. Hyun Jin Moon

Junio 14 de 2013 – Reunión Interreligiosa, Asunción, Paraguay

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Honorable Ministro de Educación, distinguidos líderes religiosos, damas y caballeros. Es mí distinguido honor y gran placer el estar aquí en esta hermosa tierra de Paraguay, la cual considero mi segundo hogar, aquí en medio de todo América.

Porque será que yo veo tal esperanza en esta pequeña nación de Latinoamérica? En el 2008 vine a Paraguay, una nación que nunca había visitado antes, ante la insistencia de mi padre, porque el gobierno de Paraguay estaba a punto de expropiar la tierra que nosotros habíamos comprado en Puerto Casado.

También, nuestro movimiento estaba bajo severa persecución, entonces nuestra entrada a Paraguay no fue color de rosa, sino que estábamos en la base de grandes dificultades. Cuando vine por la primera vez me encontré con el presidente Nicanor Duarte. Tuvimos una reunión de una hora y media, y yo le dije que lo más importante para cualquier nación democrática grande y libre es que este arraigada en principios y valores– no solo cualquier tipo de principios y valores, sino en principios y valores espirituales.

Yo dije que en la era moderna, por primera vez en la historia humana, hemos dado por hecho conceptos tales como libertades fundamentales y derechos humanos fundamentales. Esto es porque en este hemisferio una nación decidió desafiar un mundo que estaba lleno de monarquías y gobernantes absolutos.

Como seres humanos, nuestras libertades y derechos no son dados por cualquier institución del gobierno o por cualquier ser humano. Esos derechos están conferidos por Dios. Y esos derechos son inalienables. Sabemos que el documento que afirmo esos derechos fue la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. La declaración se convirtió en una inspiración para una revolución–cuyas ideas han avanzado alrededor del mundo–que los seres humanos son hijos e hijas de Dios, con dignidad humana innata, derechos humanos innatos, y sueños innatos, no conferidos por cualquier institución gubernamental.

La Declaración de Independencia continúa diciendo que el propósito de gobierno es proteger esos derechos, y que si el gobierno infringe esos derechos, es un derecho del pueblo el remover ese gobierno y establecer otro que ellos proteja. Por ende, en Norte América, tenemos una nación democrática de libre mercado que respeta las leyes y reconoce la importancia de esos principios. El hemisferio sur, sin embargo, ha tenido una experiencia muy diferente. Aunque ustedes han tenido movimientos independientes los cuales trataron de desarrollar estados regionales y leyes muy parecidas a las de Norte América, muchos de esos movimientos de independencia se desmoronaron. Las naciones que fueron finalmente establecidas fueron los reflejos de los patrones culturales tradicionales de la vieja península ibérica.

Por lo tanto, la democracia y el sistema de libre comercio aquí en Latinoamérica no fueron tan inclusivos como la democracia y libre comercio en Norte América. Yo no estoy aquí para hablar del desarrollo de la democracia, sino que lo que quiero hacer para dejar este punto bien claro -es que con el fin de construir una gran nación, se debe comenzar con principios espirituales, y reconocer de donde provienen esos principios espirituales.

Lo que realmente me conmovió cuando vine a Paraguay es que la mención de Dios, incluso en el campo público, no era algo inusual o algo de lo que se podría estar avergonzado.

Era algo de esperar! Si no se menciona a Dios, si su fe no es proyectada en el campo público, lo consideran raro. Desafortunadamente en Norte América, así como en otras naciones desarrolladas del mundo, la fe, especialmente el reconocer y mencionar a Dios en el campo público, es menos y menos frecuente e incluso es considerado inusual. Esta nación, sin embargo, no ha abandonado u olvidado a Dios.

Esta es una nación que no se ha avergonzado de reconocer la centralidad de Dios en la vida cotidiana, ni la importancia de los principios espirituales y valores que animan y articulan la vida de sus ciudadanos. Esta es una nación que es orgullosa de su patrimonio, pero más importante aún, orgullosa de su fe. Esa fe está haciendo contribuciones positivas en las comunidades y, en la nación, y eventualmente lo hará en el mundo.

Cuando vine aquí y me encontré con la gente Paraguaya, entendí cuan especial es esta nación. Vi que era una nación de fe y verdadera en su compromiso hacia Dios. Yo pensé que cuando que cuando se conectara a las grandes oportunidades del mundo, Paraguay, una vez llamada el “Caso Perdido” de Latinoamérica, podría ser una “ciudad en la colina” y el faro de esperanza para toda la gente de fe alrededor del mundo. Este puede ser el comienzo de una revolución.

Por eso es que fue una simple decisión para mí hacer del 2008 un año de referencia para la Fundación Paz Global. Tuvimos festivales en 24 naciones, en seis continentes alrededor del globo.  Aun, no fue difícil para mi decidir que el primer festival debería ser aquí en Paraguay! El mensaje y la visión que yo articule entonces fue la visión de Una Familia Bajo Dios!

La revolución de espíritu comenzó aquí, en Asunción, Paraguay. Sin embargo, creo que el evento de hoy es el más importante. Porque no estoy hablando a líderes empresariales. No estoy hablando a líderes políticos. No estoy hablando a líderes civiles. Estoy hablando a líderes religiosos que deberían ser la conciencia de la nación.

Los líderes de fe necesitan demostrar la autoridad moral que le pueda recordar a los ciudadanos de esta nación arraigada profundamente en el patrimonio espiritual y fomentar en las personas el mantenimiento de la fidelidad en el servicio a Dios. Es a través de El que Paraguay puede cumplir su destino nacional.

Yo siempre he creído que esta nación es el vientre de Latinoamérica. Mientras el movimiento para la liberación de este continente comenzó aquí en Paraguay, así como la voz de la liberación, la voz de un gran despertar espiritual debería comenzar aquí en Paraguay y expandirse alrededor del hemisferio. Este es su cargo; esta es su misión. Esta debería ser la devoción de su vida.

Como gente de fe, vamos a unirnos en una plataforma común de principios y valores universales, y en una visión común a construir una familia bajo Dios. Entonces, podemos celebrar nuestras diferencias y diversidad, pero al mismo tiempo, en el propósito y en los principios y valores, permanecer en solidaridad y construir una nación ejemplar que pueda reformar este continente y el hemisferio.

Como gente de fe, todos creemos en el amor verdadero, en vivir por el bien de los demás. Este debería ser nuestro valor común, el vivir por el bien de los otros y por el bien de nuestras comunidades, por el bien de nuestras naciones, por el bien de este hemisferio, y el por el bien del mundo.

Este es un momento especial, sin embargo, para que esta nación sea guiada apropiadamente a su destino especial dentro de la providencia de Dios se necesitan líderes. Más que líderes políticos, más que líderes civiles, más que líderes empresariales, esta nación necesita líderes espirituales. Necesita líderes de fe que puedan recordarle al pueblo Paraguayo que, sin importar la altura que la nación alcance, somos un pueblo que cree en Dios y en el destino de su nación que es el vientre del continente y dar a luz a un nuevo Gran Despertar.

Basados en la visión de Una Familia Bajo Dios, y arraigados en principios espirituales y valores de vivir por el bien de los demás, Paraguay puede mover este hemisferio entero. Y ese Despertar Hemisférico se debería extender a lo largo del Pacifico y el Atlántico, derramando la visión, plantando las semillas de esperanza y fe. Un gran hombre dijo una vez que si una persona tiene un sueño, ese sueño es efímero. Pero que si mil personas sueñan lo mismo, esto puede cambiar el mundo. Este es un tiempo, mis hermanos y hermanas Paraguayos, en el que a través de ustedes y su liderazgo, las semillas de un sueño pueden ser plantadas para que puedan transformar esta nación, este continente, el hemisferio, y el mundo. Y ese sueño es Una Familia Bajo Dios.

Yo sé que cualquier bendición que Dios de a la nación, esta nación estará en buenas manos, en las manos de la gente de fe y convicción y con la calidad de corazón y mente para abrazar no solo a la gente Paraguaya, sino a todo Latinoamérica, el hemisferio entero y el mundo. Muchas gracias.

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